¿Qué información nos aportan las teorías filogenéticas de los parásitos?
Actualmente, al parasitismo se le entiende como un fenómeno de vida fundamental dentro de todos los ecosistemas donde juega un papel importante en el desarrollo evolutivo del componente biológico
Evidentemente, el parasitismo ha tenido más de un origen filogenético en diferentes períodos de tiempo, toda vez que resulta poco probable que todas las especies hayan seguido idénticas vías evolutivas. Por otra parte, los mecanismos determinantes del cambio a una forma de vida parásita pudieron ser muy variables. En unos casos, pudo ser la necesidad de alimento o alojamiento y, en otras, una asociación meramente accidental.
Se considera que los parásitos dependen de expresiones génicas de sus hospederos, por haber perdido sus propios mecanismos. Inversamente, los parásitos adquieren, por convergencias adaptativas o por otros mecanismos, información similar a la de sus hospederos, lo que les convierte en mejores parásitos, evadiendo exitosamente las defensas inmunes de aquellos. Desde el punto de vista inmunológico, el parasitismo puede considerarse un éxito si el parásito se integra en el hospedero de manera que no se le considere exógeno. Los estudios sobre el intercambio macromolecular en el diálogo químico entre el parásito y su hospedero, deberán ser profundizados en el futuro
Endoparasitismo
El origen de las actuales especies parásitas resulta muy diverso. Se considera que un tipo de endoparasitismo pudo tener un origen accidental por la ingestión de huevos o larvas de vida libre lo cual, en algunas especies, propició el parasitismo obligado, con la consecuente disminución de las fases larvarias exógenas. Un ejemplo de ello, lo encontramos en los ascáridos, en los cuales las larvas se desarrollan en el interior de los huevos eliminados al medio externo y solo se liberan cuando estos son ingeridos por un hospedero.
Otras especies, que mantenían un tipo de de parasitismo facultativo, evolucionaron a una forma de parasitismo obligado, como es el caso de ciertos rhabdítidos cuyo fase exógena se ha llegado a caracterizar por la alternancia de generaciones libres y parásitas. Una evidencia de ello son las especies del género Strongyloides, actualmente parásitas de diversas especies animales y que pueden sobrevivir como especies de vida libre mediante una fase heterogónico en su ciclo. En Cuba, durante el estudio del ciclo biológico de S. papillosus realizado por algunos de los autores de este artículo se evidenció el desarrollo de fases homogónicas y heterogónicas bajo determinadas condiciones, como recordatorio de sus ancestros. Estos mecanismos garantizan, evidentemente, la perpetuación de la especie al permitir la multiplicación de los estadios del ciclo. Otro ejemplo se muestra en aquellas especies que sufren una adaptación completa a su hospedero, al cual no abandonan en ningún momento de su vida, como ocurre en las especies del género Trichinella
Ectoparasitismo
Las diversas formas de ectoparasitismo que se conocen actualmente, como el parasitismo accidental, permanente, ocasional, facultativo, etc, permite deducir que se trató de un proceso de cambio de forma de vida que para ciertos grupos todavía es relativamente reciente. Por ejemplo los cambios de los tendencias de oviposición de organismos que eran, primeramente, de vida libre como las hembras del díptero Wholfartia magnífica, moscas de vida libre en un inicio y que se adaptaron paulatinamente a ovipositar sus huevos en úlceras o heridas, permitieron ampliar su rango de localización a la boca, ojos o nariz del hombre y los animales. De igual forma ocurrió con calliforidos que han devenido parásitos obligados y productores de myiasis cutánea luego de un largo proceso de adaptación de sus larvas, de un tipo de alimentación a otro. En estudios realizados en Cuba se constató la amplia extensión de hospederos y de causas primarias existentes para la implantación de las larvas del gusano barrenador del ganado, Cochliomyia hominivorax, aspecto que evidencia un gran poder de adaptación para sobrevivir. De igual manera, se comprobó que C. macellaria, considerada como agente secundario en la heridas puede, en determinadas condiciones, llegar a ser causante de myiais primaria, como otra forma de adaptación.
La diferencia entre las adaptaciones al parasitismo de los mosquitos y los insectos predadores es poca, ya que la relación con sus hospederos se ha reducido a un contacto temporal en el momento de alimentarse. Otros artrópodos como los piojos, establecieron contacto prolongado con los vertebrados en los que desarrollan todo su ciclo biológico. Los ixódidos, por ejemplo, han tenido que adaptarse a biotipos abiertos, a hospederos que no utilizan lugares permanentes como refugio, como es el caso de los ungulados

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